phillis wheatley

de esclava a primera poeta afroamericana publicada

 

Imagina esto: es el siglo XVIII, Boston resplandece con las ideas de la Ilustración, la libertad es palabra de moda en las calles coloniales y Thomas Jefferson escribe sobre los derechos inalienables. Pero mientras tanto, hay una niña esclavizada que está a punto de hacer algo que nadie creería posible. Ella no solo aprenderá a leer en una lengua que no es la suya. No solo escribirá poesía. Va a demostrar a todo un continente que su raza podía pensar, crear y brillar igual que los demás.

Su nombre era Phillis Wheatley. Con suerte, la conoces de oídas, pero debes saber que su historia es mucho más fascinante, más trágica y más política de lo que te han contado. La vida de Phillis Wheatley es, en realidad, una pieza central para entender los orígenes de la literatura afroamericana y el racismo en la América colonial.

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Retrato de Phillis Wheatley

Retrato de Phillis Wheatley

 

Phillis Wheatley: de Senegal a las cadenas de Boston

Corría el año 1761. En algún lugar en lo que hoy es Senegal o Gambia, una niña de apenas siete u ocho años es arrancada de su hogar. No está sola. A su lado hay decenas de personas más, todas encadenadas, todas aterrorizadas, todas camino a una pesadilla que duró semanas cruzando el Atlántico. El barco que las transporta se llama el Phillis, y será el primero de muchos actos de violencia que la historia cometerá contra esta niña: le robarán su nombre y le pondrán el del barco que la transportó. Pero también le robaron su tierra, su lengua, su infancia. Pero no su inteligencia. Nunca lograrían robarle eso.

Cuando atracan en el puerto de Boston aquel verano de 1761, la pequeña Phillis está enferma. Tan enferma que el capitán de la nave, pensando que no sobreviviría, la vende por poco dinero a una familia de comerciantes: los Wheatley. Suzanna Wheatley, la matriarca de la casa, la ve como lo que aparentaba ser: una niña frágil, de salud quebrantada, quizás destinada a morir en una esquina cualquiera. Nadie, absolutamente nadie, pudo haber predicho que esa pequeña y menuda figura cambiaría el curso de la historia literaria americana y se convertiría en la primera poeta afroamericana publicada.

 

nadie imaginaba que se convertiría en la primera poeta afroamericana publicada.

 

La conspiración educativa: cuando enseñar a leer era un experimento

Aquí viene la parte que te hará replantearte todo lo que crees saber sobre la educación y el racismo científico del siglo XVIII. Los Wheatley no eran abolicionistas. Eran esclavistas, y como tales, creían en las teorías de la época que afirmaban que los negros no tenían capacidad intelectual. Pero algo sucedió en esa casa de Boston que desafió toda lógica racista. Suzanna Wheatley, junto con su hija Mary, decidió hacer algo verdaderamente radical: quiso enseñar a leer a Phillis Wheatley.

¿Por qué? Aquí está el giro que cambia todo: fue un experimento. Los Wheatley querían probar que, si una persona negra podía ser educada, entonces sus teorías sobre la inferioridad racial eran falsas. O, de otro modo, querían demostrar que incluso un “negro” podría convertirse en una persona “civilizada” y “refinada” a través de la educación. No importaba cuál fuera su motivación verdadera. Lo que importa es que pusieron libros en las manos de una esclava africana.

Un año y medio después de llegar a Boston, Phillis no solo hablaba inglés con fluidez. Ella era capaz de leer pasajes complicadísimos de la Biblia en el idioma original. A los nueve años estaba completamente alfabetizada. A los 13, publicó su primer poema en el Newport Mercury. A los 14, había comenzado a escribir poesía de forma sistemática. Nadie podía creerlo. Literalmente, nadie.

La historia de Phillis Wheatley se convertía así en una amenaza directa a la idea de superioridad intelectual blanca sobre la que se sostenía la esclavitud en América. Compartimos aquí un bonito vídeo de la Casa Blanca, en la que una Phillis Wheatley creada con inteligencia artificial, relata su propia historia:

 
 

El escándalo de una poeta negra: la comisión que cambió la historia

Saltamos al año 1772. Phillis tiene 20 años. Ha escrito docenas de poemas, algunos de ellos sobre temas políticos candentes: la muerte del evangelista George Whitefield, los derechos de los colonos, la libertad. Sus versos, llenos de referencias clásicas, de un dominio magistral del idioma inglés, de una profundidad intelectual innegable, han comenzado a circular por Boston.

Pero aquí viene el problema.

La sociedad colonial no podía aceptar que una esclava, una mujer, una africana, escribiera con tanta erudición y sofisticación. Así que decidieron hacer algo que parece sacado de un reality show del siglo XVIII: organizaron un juicio literario. Una comisión de 18 personalidades prominentes de Boston —entre ellas el gobernador Thomas Hutchinson, comerciantes de élite, reverendos— se reunieron en el Boston Town Hall para interrogar a Phillis Wheatley.

La acusación, implícita pero clara: ¿realmente escribiste estos poemas o fue alguien más?

 

Recreación de Phillis Wheatley compareciendo ante el Tribunal

 

Imagina la escena. Una joven negra, apenas más que una adolescente, enfrentada a 18 hombres blancos poderosos que representaban el poder intelectual, político y económico de Massachusetts. Le pidieron que recitara a Virgilio de memoria. Le pidieron que tradujera pasajes de Milton. Le pidieron que respondiera preguntas sobre textos clásicos. Le pidieron que jurara bajo Dios que ella, y solo ella, había escrito esos versos.

Y Phillis pasó. No solo pasó. Pasó brillantemente.

El veredicto, firmado por los 18 jueces, fue contundente: “Los poemas fueron escritos por Phillis, una joven negra que hace apenas unos años fue traída de África como una bárbara inculta, y que ahora es esclava en una familia de esta ciudad.” La comisión reconoció que no solo era mujer, negra y esclava. Era poeta.

Este documento, aparentemente burocrático, fue revolucionario. Por primera vez en la historia de lo que luego serán los Estados Unidos, las élites intelectuales reconocían, aunque fuera de forma interesada, la igualdad intelectual entre blancos y negros. No lo daban de corazón. Lo hacían con reluctancia, con condicionalidad. Pero lo reconocían. Y lo hacían a través de la figura de Phillis Wheatley, futura primera poeta afroamericana publicada.

 
Recreación de Phillis Wheatley con uno de sus escritos

Recreación de Phillis Wheatley con uno de sus escritos

 

Londres: gloria efímera para Phillis Wheatley

Aquí es donde la historia da un giro inesperado. A pesar de la aprobación de la comisión, ningún impresor de Boston quería publicar un libro de una esclava. Era demasiado incómodo, demasiado peligroso políticamente, demasiado amenazante para el sistema.

Así que en 1773, con apenas 20 años, Phillis viaja a Londres acompañada por el hijo de los Wheatley. Su primer viaje fuera de Boston después de haber sido comprada. Su viaje a buscar lo que su propio país le negaba: la posibilidad de ser publicada, de ser reconocida como escritora.

Y lo logra. En Londres, Phillis Wheatley se conviertió en una sensación. Conoció a Benjamin Franklin. Se reunió con el Conde de Dartmouth. La sociedad londinense la recibe como la curiosidad intelectual que es: una africana que habla y escribe como una erudita clásica. Selina Hastings, la condesa de Huntingdon, una abolicionista inglesa acaudalada, se convierte en su patrocinadora y financia la publicación de su libro.

 
Recreación de la obra de Phillis Wheatley publicada en Londres

Recreación de la obra de Phillis Wheatley publicada en Londres

 

En septiembre de 1773, sale a la luz Poems on Various Subjects, Religious and Moral (Poemas sobre varios asuntos, religiosos y morales). Phillis Wheatley se convierte en la primera mujer afrodescendiente publicada en América. No es la primera mujer (eso fue Anne Bradstreet). Pero es la primera mujer de color, la primera persona negra, la primera esclava. Es un hito histórico que resuena a través de los siglos y la consagra como pionera de la literatura afroamericana.

La fama es internacional. El filósofo Voltaire escribe en una carta que Phillis ha probado que las personas negras pueden escribir poesía. John Paul Jones, el famoso marino revolucionario, se refiere a ella como “Phillis, la favorita africana de las Musas y Apolo.” Incluso George Washington, el futuro padre de la patria, escribe una carta personal para agradecerle por un poema que le dedicó, refiriéndose a su “gran genio poético”.

Pero aquí está el lado oscuro de la historia que casi nunca se cuenta: Phillis en Londres está lejos de casa. Su ama, Susanna Wheatley, está gravemente enferma. Cuando Phillis se entera, regresa apresuradamente a Boston, dejando atrás la gloria, las tertulias con intelectuales, el reconocimiento. Porque, a pesar de todo, Susanna Wheatley era para ella algo parecido a la familia. Y la ama muere poco después de su regreso.

 

La primera poeta afroamericana publicada en América murió en la sombra, sin reconocimiento

 

El peso de la libertad y el precio de ser pionera

Aquí es donde la historia da su último giro trágico. Phillis es finalmente liberada (John Wheatley la manumite en 1774, unos meses antes de que Susanna muera). Es libre. Legalmente, legítimamente libre.

Pero, ¿qué significa la libertad en una América que aún la rechaza?

Tres años después, en 1778, Phillis se casa con John Peters, un hombre negro liberto que trabaja como comerciante. El matrimonio es romántico, pero la realidad económica es brutal. Los negocios de Peters fracasan. Busca dinero donde puede. Estudia leyes. Intenta ser abogado. Intenta ser comerciante. Nada funciona, porque la sociedad blanca simplemente no tolera a un hombre negro con ambiciones intelectuales.

Phillis y John tienen tres hijos juntos. Los tres mueren antes de cumplir un año. Luego viene el colapso financiero. El país está en guerra revolucionaria. Los patrones de Phillis desaparecen. Nadie quiere comprar más poesía de una mujer negra ahora que la novedad ha pasado. Intenta publicar un segundo volumen de poemas. Busca suscriptores. Nadie está interesado.

 
Recreación de Phillis Wheatley en los últimos años de su vida

Recreación de Phillis Wheatley en los últimos años de su vida

 

Para 1784, la familia vive en la pobreza más absoluta. John Peters es encarcelado por deudas. Phillis, la poeta que fue recibida por intelectuales en Londres, que escribió para George Washington, que fue noticia en periódicos de ambos lados del Atlántico, trabaja como criada en una pensión. Lava ropa. Limpia pisos. Escribe en la noche, cuando tiene energía.

El 5 de diciembre de 1784, Phillis Wheatley muere. Tiene 31 años. Muere en condiciones tan miserables que los registros hablan de ella “reducida a una condición demasiado repugnante para describir”. Su tercer hijo muere con ella o poco después. Los entierran en fosas comunes, en lugares desconocidos.

La primera poeta afroamericana publicada en América muere en la sombra, sin reconocimiento, sin tumba conocida, sin apenas rastro material de su vida.

El manuscrito perdido: lo que casi fue

¿Quieres saber lo que hace que su historia sea aún más trágica? El segundo volumen de poemas que escribió nunca se publicó. Después de su muerte, John Peters buscaba desesperadamente ese manuscrito para que al menos sus obras póstumas vieran la luz. Había sido “prestado” por alguien y simplemente desapareció. Se perdió.

Imagina el catálogo completo de pensamientos, versos, reflexiones de una de las mentes más brillantes de su época, simplemente desaparecido en la historia. Parte fundamental del legado literario de Phillis Wheatley, y de la literatura afroamericana temprana, se esfumó sin dejar rastro.

 

El segundo volumen de poemas que escribió, desapareció completamente.

 

El legado de lo invisible: por qué importa ahora Phillis Wheatley

Entonces, ¿por qué contamos esta historia hoy, más de 240 años después de la muerte de Phillis?

Porque Phillis Wheatley no solo fue una poeta. Fue un acto de resistencia. Fue una prueba viviente de que todo lo que se creía sobre la inferioridad racial era una mentira. Fue una grieta en el muro del supremacismo blanco en un momento en que ese muro parecía impenetrable.

Sus poemas todavía hoy hacen hablar a los académicos. Estudiosos señalan cómo Phillis, escribiendo para una audiencia principalmente blanca, metía crítica social y puntos de vista abolicionistas en versos que aparentaban ser simplemente religiosos o clásicos. No escribió directamente sobre su esclavitud porque sabía que si lo hacía, nadie la publicaría. Así que escribió alrededor de ello. Escribió cifrado.

 
Recreación de Phillis Wheatley escribiendo

Recreación de Phillis Wheatley escribiendo

Y el mundo no estaba listo para ella. Su país nunca lo estuvo realmente. La vida de Phillis Wheatley nos obliga a mirar de frente cómo la historia silencia a las mujeres negras, incluso cuando su talento es imposible de negar.

Phillis Wheatley es un espejo en el que vemos reflejadas todas las formas en que la historia silencia a las mujeres, a las personas negras, a los marginados. Es la historia de alguien que fue más inteligente que sus perseguidores, más talentosa que sus opresores, pero que no pudo escapar del sistema que los rodea.

Fue amada por los que la compraban. Fue admirada desde la distancia por los intelectuales. Fue utilizada como prueba de concepto por los abolicionistas. Pero nunca fue verdaderamente libre. Nunca fue completamente aceptada. Nunca tuvo el reconocimiento que merecía en vida.

 
Recreación de Phillis Wheatley con orgullo ante el Tribunal

Recreación de Phillis Wheatley con orgullo ante el Tribunal

 

Phillis Wheatley: la historia que merece ser contada

Phillis Wheatley es la poeta que cambió América sin que América lo reconociera. Es la mujer que probó lo imposible y fue olvidada. Es la voz que resuena a través de los siglos, diciéndonos que siempre ha habido mujeres brillantes, siempre ha habido inteligencia en las márgenes, siempre ha habido resistencia donde creemos que solo hay sumisión.

Su nombre debería ser tan conocido como el de los revolucionarios que la rodeaban. Su poesía debería estudiarse con la reverencia que se dedica a los clásicos. Su vida debería enseñarse no como una anécdota curiosa, sino como una de las grandes historias de desigualdad y supervivencia del continente americano, una pieza clave en la historia de la literatura afroamericana.

Porque Phillis Wheatley, la niña que fue secuestrada en Senegal a los siete años, que fue vendida como esclava por una “bagatela”, que tuvo que demostrar ante un tribunal que su propia mente era suya, que escribió para presidentes y reyes, que murió en la pobreza más absoluta siendo limpiadora en una pensión, merece más que ser un nombre en un libro de historia.

Merece ser recordada. Merece su luz en la sombra.

Y tú, que lees esto, tienes ahora la responsabilidad de asegurar que su historia no se olvide de nuevo y de que el nombre de Phillis Wheatley, primera poeta afroamericana publicada, siga apareciendo donde siempre debió estar: en el centro del relato.

 
 
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