Sandra Sánchez

la karateka que ganó el oro olímpico cuando le decían que ya era demasiado tarde

 

Hay campeonas que llegan pronto. Prodigios de 15 años, promesas que ya ganan desde etapas muy tempranas, carreras trazadas con escuadra desde el primer campeonato. Y luego está Sandra Sánchez, la karateka que entró en la selección española con 32 años, a una edad en la que la mayoría de deportistas de su disciplina ya está pensando en retirarse. Y que siete años después, con 39, se colgaba en Tokio la primera medalla de oro olímpica de kata femenino de la historia. 

¿Increíble? Pues lo parece. Porque entre esas dos fechas no solo hay un palmarés que da vértigo. También hubo una pregunta que la acompañó durante una buena parte de su carrera: ¿tiene sentido apostar por una deportista de su edad? Sandra Sánchez la contestó como mejor sabía: entrenando. Durante años. Con constancia. Hasta que no hubo forma de no verla.

En Mujeres en la Sombra (MELS) solemos rescatar a figuras femeninas que la historia dejó fuera del foco. Esta vez hemos querido hacer algo distinto: contar la historia de una mujer viva, en pleno presente, cuya trayectoria nos pone de frente a una de esas ideas que hemos interiorizado hasta tal punto, que ni siquiera la cuestionamos: que hay una edad para empezar, otra para triunfar y otra para apartarse. A esta historia se suma ahora el cine: Karateka, la película dirigida por Aritz Moreno y protagonizada por Andrea Ros y Patrick Criado, llega a los cines el 30 de octubre. Es una producción de Atresmedia Cine y Sr. & Sra., en coproducción con Wrong Men, Apaches Entertainment y Colosé Producciones, distribuida por Warner Bros. Pictures Spain. La película abre la puerta a su historia y, con este artículo, queremos recorrerla entera. Para ir abriendo boca, te dejamos aquí el tráiler:

 
 

Acompáñanos en este repaso por la vida de Sandra Sánchez: desde el tatami de Talavera de la Reina donde empezó con cuatro años, hasta el Nippon Budokan de Tokio, pasando por Australia, Dubái, las clases extraescolares que impartía y una hucha para pagarse los viajes. Con sus renuncias, su perseverancia y esa forma tan suya de entender el kárate como un camino para toda la vida.

 

Sandra Sánchez: la karateka que no quería ir a baile

Sandra Sánchez Jaime nació en Talavera de la Reina (Toledo) el 16 de septiembre de 1981. Con cuatro años, sus padres la apuntaron a clases de baile. A su hermano mayor, Paco, a kárate. Pero ella tenía muy claro dónde quería estar.

Ella misma lo ha contado más de una vez con humor: empezó en el kárate “por envidia”. “Siempre pensaba que todo lo que hacía mi hermano, yo también podía hacerlo”, recordaba en una entrevista con elDiario.es en 2021. Sus padres creyeron que se aburriría pronto. Todavía no se ha aburrido.

Aquella niña eligió además una modalidad muy concreta: el kata. Para quien no tenga mucha idea de este deporte, el kárate de competición tiene dos grandes vertientes: el kumite, el combate entre dos personas, y el kata, una secuencia codificada de técnicas que la deportista ejecuta sola, frente a unos adversarios imaginarios, y que un panel de jueces puntúa. Precisión, potencia, ritmo, equilibrio, respiración. En un kata no hay rival al que golpear: la batalla es contra la perfección. Y quizá por eso exige algo que el tiempo no quita, sino que da: madurez.

 
Sandra Sánchez compitiendo

Sandra Sánchez compitiendo. Autor: Martin Rulsch, Wikimedia Commons.

 

Sandra creció entre tatamis, estudió Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la Universidad de Castilla-La Mancha y, durante mucho tiempo, su sueño fue mucho más modesto de lo que acabó siendo su historia. Lo confesaba en 2023 a la revista ¡HOLA!: de niña nunca imaginó llegar tan lejos, y su máxima aspiración era ganar algún día el Campeonato de España.

 

“mi máxima aspiración era ganar el campeonato de españa”

Sandra Sánchez

 

El Centro de Alto Rendimiento: una beca, un diagnóstico y una decisión

La primera gran oportunidad llegó muy pronto. Siendo apenas una joven recién salida de la adolescencia, Sandra consiguió una plaza en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid, el lugar donde se forman las deportistas llamadas a representar a España. Era la puerta de entrada al circuito de élite.

Y entonces la vida le puso otras prioridades en el camino. Como ella misma relató en Magas en diciembre de 2024, poco después de entrar en el CAR a su madre le diagnosticaron un cáncer de mama y Sandra decidió volver a casa para estar con ella. No lo cuenta como un sacrificio heroico, sino como algo evidente: “Tenía que estar ahí, a su lado, y eso vale más que una medalla olímpica”.

Esa decisión tuvo consecuencias deportivas. En la misma entrevista Sandra explica que, después de dejar el CAR, no volvió a ser convocada, “sin darme ningún tipo de explicación”. Siguió compitiendo, siguió subiendo a podios nacionales, pero el camino hacia el equipo nacional se cerró durante años.

Conviene detenerse aquí, porque esta es una de esas historias que se pueden contar de forma simplista. No se trata de buscar villanos, y la propia federación de aquella época está hoy formada por otras personas. Lo que interesa (y lo que nos interesa especialmente en MELS) es el criterio que se repite en los testimonios de Sandra: le dijeron y le repitieron que no era suficientemente buena, que no daba el perfil y, en la última etapa, que por su edad “no iba a tener proyección”. Y en 2015 resumía así a Publico lo que había escuchado de responsables deportivos: que “ya no podían apostar por mí, porque era demasiado mayor”.

Demasiado mayor. Tenía entonces poco más de 30 años.

 
Sandra Sánchez durante el rodaje de 'Karateka'

Sandra Sánchez en un momento del rodaje de 'Karateka'

 

Australia, extraescolares y una hucha para poder competir

Mientras tanto, la vida siguió. Sandra pasó un año en Brisbane (Australia), donde dio clases de kárate. Al volver a España, se ganó la vida como tantas profesionales del deporte que no viven del deporte: dando clases extraescolares en colegios. Un trabajo con el que iba ahorrando en una hucha para poder pagarse los viajes a las competiciones.

Pocas imágenes resumen mejor la realidad de tantas deportistas en disciplinas minoritarias: entrenar como una profesional, financiarse como una aficionada. Y seguir, sin que nadie pueda garantizarte nada.

 

Jesús del Moral, el entrenador (y marido) de Sandra Sánchez

Hay un hombre sin el que esta historia no se entiende: Jesús del Moral. Entrenador de kárate en Alcalá de Henares y por entonces vinculado a la Federación de Castilla-La Mancha, ya la había entrenado en alguna ocasión. Cuando Sandra volvió de Australia, le pidió que la entrenara.

La respuesta, al principio, fue que no. Según ha recogido la prensa local de Alcalá, él no veía todavía el momento: Sandra no había ganado ningún Campeonato de España. Ella insistió. Y en 2012, según su propio relato, consiguió convencerle. Se mudó a Alcalá para entrenar con él y empezó a trabajar con una exigencia que Jesús resumía con una frase: “Los que ganan entrenan el día 1, los que pierden se quedan en la cama”.

Lo que empezó como una relación entre deportista y entrenador acabó siendo también una historia de vida: Jesús del Moral es hoy su marido. Sandra lo ha descrito como su “balanza” y, en lo deportivo, como un “genio”. O, con una fórmula más sencilla: “Jesús es un todo, es un pack completo”.

Es precisamente esta alianza deportiva y sentimental la que la película Karateka sitúa en el centro de su relato.

 

“me dijeron que ya no podían apostar por mí, porque era demasiado mayor”.

Sandra Sánchez

 

Dubái: el club que apostó por Sandra Sánchez

El giro llegó de donde nadie lo esperaba. Tras verla competir en el circuito internacional, un club de Dubái le hizo una propuesta poco habitual en el kárate: quedarse a vivir allí, dar clases a niños y competir representando al club, con un sueldo que le permitiera dedicarse plenamente a entrenar. A principios de 2014, Sandra y Jesús se trasladaron a Emiratos.

Por primera vez, Sandra podía ser deportista a tiempo completo. Y los resultados llegaron casi de inmediato. En la Karate1 Premier League, el gran circuito mundial, empezó a encadenar podios. En 2015 ganó por primera vez el Campeonato de España. Y entonces sí: tras “un par de meses de mucho debate sobre mi edad”, como ella misma recordaría, entró en la selección española.

Tenía 32 años. Lo que vino después fue, sencillamente, histórico.

 

Sandra Sánchez vestida con el karategui. Imagen propiedad del sitio sandra-san.com.

 

El palmarés de Sandra Sánchez: la mejor karateka de kata de la historia

En 2018 lo resumía así a Sphera Sports: “A mí me quisieron retirar desde antes de empezar”. Y añadía: “Entré a la selección con 32 años, una edad que no es muy normal, y una de las cosas que se sopesaban era si tenía proyección de futuro. Había que decidir si se me daba la oportunidad o no. Menos mal que me la dieron”.

Menos mal, sí. Porque en apenas unos años, la deportista sobre la que se dudaba por su edad se convirtió en la referencia absoluta de su disciplina:

- Campeona de Europa en siete ocasiones.

- Campeona del mundo en 2018 (Madrid) y 2021 (Dubái).

- Número uno del ranking mundial al cierre de seis temporadas: 2015, 2016, 2017, 2018, 2019 y 2021.

- Mejor karateka de la historia en kata femenino, según la clasificación histórica de la Federación Mundial de Karate (WKF), que la situó en lo más alto en 2018.

- Récord Guinness: 35 medallas consecutivas en la Karate1 Premier League, entre enero de 2014 y febrero de 2020.

Y todo eso antes de llegar a la cita que lo cambiaría todo.

 
Fotograma de la película 'Karateka'

Fotograma de la película 'Karateka'.

 

Sandra Sánchez en Tokio 2020: oro olímpico a los 39 años

El kárate entró por primera vez en el programa olímpico en los Juegos de Tokio 2020, celebrados en el verano de 2021 por la pandemia. Era casi una justicia poética: el deporte debutaba en el país que lo vio nacer y lo hacía en el Nippon Budokan, uno de los templos de las artes marciales japonesas.

El 5 de agosto de 2021, Sandra Sánchez llegó a la final de kata femenino. Enfrente tenía a la japonesa Kiyou Shimizu, bicampeona del mundo, compitiendo en casa. Sandra ganó por 28,06 puntos frente a 27,88. 18 centésimas que valían una página de la historia del deporte. 

Sandra tenía 39 años. Shimizu, 27.

No fue un caso aislado en aquellos Juegos. En la misma cita, otras deportistas españolas de más de 30 años subieron al podio: Fátima Gálvez, oro en foso mixto con 34; Maialen Chourraut, plata en piragüismo eslalon con 38; Teresa Portela, plata en K1 200 con 39. Tokio dejó una imagen poco frecuente: la de mujeres en plena madurez deportiva ganándolo todo. Sandra lo había dicho años antes con una frase que hoy suena a manifiesto: "Nos han metido tanto en la cabeza lo de la edad, que era el reflejo de lo que cree la gente que ya no puede hacer. Eso lo determina tu cuerpo y tu mente, no el carné de identidad”.

 

Sandra Sánchez posando con la medalla de oro olímpica. Imagen propiedad del sitio sandra-san.com.

La única campeona olímpica de kata femenino

Hay un dato que convierte el oro de Sandra en algo aún más singular. Tras su debut en Tokio, el kárate no fue incluido en el programa de París 2024, y tampoco forma parte de los deportes de Los Ángeles 2028. La Federación Mundial de Karate trabaja para volver en Brisbane 2032, pero por ahora no hay nada confirmado.

Eso significa que, a día de hoy, Sandra Sánchez es la única campeona olímpica de kata femenino de la historia. Un título que, de momento, nadie más puede disputarle. Ella misma ha lamentado públicamente la exclusión del kárate de los Juegos, porque cierra la puerta a las generaciones que vienen detrás. Como dijo a Magas: “He roto una barrera y espero no ser la única que lo haga”.

 
Fotograma de la película 'Karateka'

Fotograma de la película 'Karateka'

 

La retirada (y el regreso) de Sandra Sánchez

Después de Tokio, Sandra completó una temporada redonda: oro olímpico, oro mundial en Dubái y oro europeo. Podría haberse retirado entonces. No quiso. Los Juegos se habían celebrado sin público por la pandemia, y le quedaba un deseo: despedirse del kárate compitiendo delante de la gente.

Lo hizo en julio de 2022, en los World Games de Birmingham (Alabama, Estados Unidos), la única gran competición internacional que le faltaba por ganar. La ganó. Con casi 41 años, cerró su carrera con el oro y con una racha de medallas internacionales consecutivas que la convierte en la karateka más laureada de su tiempo.

Aun así, nunca se quitó el karategi. “Soy karateka para toda la vida”, ha repetido. Ha seguido entrenando cada día, imparte formación junto a Jesús del Moral a través de su proyecto Chikara, preside la Comisión de Atletas de los World Games y su historia ha inspirado una serie de libros infantiles, Kat Karateka, escrita por Inés Masip e ilustrada por Juan Carlos Bonache.

 
Sandra Sánchez vestida con el karategui

Sandra Sánchez vestida con el karategui. Imagen propiedad del sitio sandra-san.com

 

Y en septiembre de 2026 dio la noticia que nadie esperaba: vuelve a competir. Lo anunció en Talavera de la Reina, durante la inauguración de un mural en su honor en el polideportivo que lleva su nombre. Su regreso será en los World Masters Games, que se celebrarán en Japón en mayo de 2027, dentro de la categoría máster, que reúne a deportistas generalmente mayores de 35 años. Dijo afrontarlo con “todas las expectativas del mundo” y con un objetivo claro: “compartir con la gente” el kárate.

A la mujer a la que llamaron demasiado mayor con poco más de 30 años la espera de nuevo el tatami. Lo hará con 45, otra vez en Japón, y con una película sobre su vida recién estrenada.

 

Karateka: la historia de Sandra llega al cine

Hay algo especial en que una historia así llegue al cine mientras su protagonista sigue entrenando cada mañana. Karateka no recupera a una mujer del pasado. Le pone imagen a una vida que todavía se está escribiendo.

La película, dirigida por Aritz Moreno, se estrena en cines el 30 de octubre. Producida por Atresmedia Cine y Sr. & Sra. en coproducción con Wrong Men, Apaches Entertainment y Colosé Producciones, distribuida por Warner Bros. Pictures Spain, cuenta la vida de Sandra desde el tatami de Talavera hasta el oro de Tokio, y pone en el centro lo que hizo posible ese camino: su alianza con Jesús del Moral, el entrenador que al principio le dijo que no y que acabó siendo su compañero de vida.

A Sandra la interpreta Andrea Ros, que empezó a prepararse en octubre de 2023 y pasó meses entrenando con la propia campeona y con Jesús. No se trataba de imitarla, sino de entender cómo se relaciona Sandra con el cuerpo, con el esfuerzo y con el tiempo. A su lado, Patrick Criado da vida a Jesús.

Cartel de 'Karateka'

Hay un detalle que lo dice todo. Sandra no se limitó a asesorar desde fuera: en varios katas de la película es ella quien se pone el karategi, como doble de la actriz que la interpreta. Años después de retirarse, volvió a ejecutar sus katas, esta vez delante de una cámara.

Para nosotras, Karateka es también una forma de que mucha más gente descubra una historia que desmonta una idea que damos por sentada: que el talento tiene fecha de caducidad. La de Sandra demuestra que, a veces, el reloj no tiene la última palabra.

 

5 cosas que quizá no sabías de Sandra Sánchez

  1. Empezó en el kárate por su hermano. Con cuatro años, sus padres la apuntaron a baile y a su hermano Paco a kárate. Ella quiso hacer lo mismo que él. El resto es historia.

  2. Renunció al Centro de Alto Rendimiento para cuidar de su madre. Poco después de conseguir su plaza en el CAR, a su madre le diagnosticaron cáncer y Sandra volvió a casa. Esa decisión la alejó durante años del equipo nacional.

  3. Se pagaba los viajes con una hucha. Antes de dedicarse en exclusiva a competir, daba clases extraescolares de kárate y ahorraba para costearse los viajes a los torneos.

  4. Tiene un récord Guinness. Encadenó 35 medallas consecutivas en la Karate1 Premier League entre 2014 y 2020.

  5. Es doble de sí misma. En Karateka, Sandra ejecuta algunos de los katas de la película como doble de Andrea Ros, la actriz que la interpreta.

 
Fotograma de la película ‘Karateka’

Fotograma de la película ‘Karateka’

 

Para seguir descubriendo a Sandra Sánchez

Si llegas a ella por la película o por este artículo y quieres seguir tirando del hilo, estas son algunas puertas de entrada:

  • Karateka (Lunwerg Editores). El libro en el que Sandra cuenta su vida en primera persona, con prólogo de Jesús del Moral. Ella misma lo describe como un reencuentro “con la niña que fui, con la deportista que dudó, que cayó, que insistió… y también con la mujer que soy hoy”. Ya disponible en preventa. 

  • Karate-do: El camino de Sandra Sánchez (2023). Documental dirigido por José Manuel Alfaro Lorenzo que recorre su trayectoria y su forma de entender el kárate. Disponible en Rakuten TV.

  • Kat Karateka. Serie de libros infantiles escrita por Inés Masip e ilustrada por Juan Carlos Bonache, inspirada en su carrera. Perfecta para compartir con las más pequeñas de la casa (y con los más pequeños).

  • Karateka (2026). La película de Aritz Moreno, en cines desde el 30 de octubre.

La historia de Sandra Sánchez no es la de una mujer olvidada. Es la de una mujer a la que, durante demasiado tiempo, se le dijo que llegaba tarde. Y que demostró, con años de trabajo silencioso, que el problema nunca fue su edad, sino la mirada con la que se medía. Porque a veces, las historias que más tardan en empezar son las que llegan más lejos.

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IRENA SENDLER