RAFAELA HERVADA

la primera directora de radio de España

 

Hay historias que no empiezan con un gran discurso, sino con un zumbido. Un chasquido eléctrico. Una voz que prueba el micrófono por primera vez.

En 1934, en una habitación llena de cables en la calle Fontán de A Coruña, una adolescente de 16 años observa cómo nace algo que todavía no sabe nombrar, pero que marcará su vida para siempre. Afuera, la II República española vive días inestables; adentro, su padre acaba de inaugurar una emisora con un acuerdo improvisado y mucha intuición. Nadie imagina que esa chica, silenciosa y atenta, terminará convirtiéndose en la primera mujer directora de radio en España.

Se llama Rafaela Hervada, y su historia no está hecha de gestos épicos ni de proclamas altisonantes. Está hecha de decisiones difíciles, de escuchar antes de hablar, de sostener una emisora en mitad de dictaduras, guerras y golpes de Estado. Está hecha, sobre todo, de entender que la radio no va de máquinas, sino de personas.

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Micrófonos y cables de radio

 

RAFAELA HERVADA: LA NIÑA ENTRE CABLES

A comienzos de los años 30, A Coruña es una ciudad atlántica, brumosa y despierta. Marineros, comerciantes, cafés llenos de conversaciones y un país entero intentando reinventarse. En ese contexto, Francisco “Pancho” Hervada escucha un comentario aparentemente trivial en el Hotel Palace: un técnico vinculado a Marconi busca socio para montar una emisora. Pancho no duda. Invierte solo, sin alianzas, guiado por una certeza difícil de explicar.

El 15 de marzo de 1934, una locutora pronuncia las primeras palabras al éter: “Aquí EAJ-41, Radio Coruña”. En toda la provincia hay apenas 762 receptores. Para muchos es un capricho. Para Pancho, es el porvenir.

Para Rafaela, nacida el 24 de julio de 1917, es una revelación. Mientras otras niñas juegan, ella observa. Aprende sin darse cuenta. Mira cómo se organiza una redacción improvisada, cómo se redactan anuncios casi artesanales, cómo una voz puede atravesar paredes y llegar a hogares desconocidos. Esa habitación abarrotada de cables se convierte en su escuela emocional.

Estudia Derecho en Santiago de Compostela y se convierte en la primera mujer coruñesa licenciada en esa carrera. No es un detalle menor: aulas dominadas por hombres, una profesión pensada para ellos, un futuro que parecía encauzado hacia oposiciones y despachos. Pero la vida interrumpe los planes. Pancho enferma. Y alguien tiene que hacerse cargo.

“No hay hombre en casa, le toca a la mayor”.

Rafaela acepta. Y descubre que la radio es todo lo que el Derecho no era: cambiante, viva, humana. Años después lo dirá con claridad: allí entendió que la radio no se dirige, se cuida.

 

PRONTO ENTENDIÓ QUE LA RADIO NO SE DIRIGE. LA RADIO SE CUIDA.

 

Aprender a resistir sin hacer ruido

La Guerra Civil y la posguerra lo contaminan todo. El franquismo convierte la radio en un instrumento vigilado, encorsetado, sometido a censura previa y partes obligatorios de Radio Nacional. Muchas emisoras desaparecen. Radio Coruña sobrevive.

No por casualidad. Rafaela, aún en la sombra, empieza a ser imprescindible. Aplica su formación jurídica a contratos, permisos y equilibrios delicados. Aprende pronto una lección clave: bajo una dictadura, sobrevivir también es una forma de resistencia. La emisora se centra en lo local, en lo cercano, en aquello que no puede prohibirse sin levantar sospechas: mareas, mercados, sucesos cotidianos. Información que parece inocua, pero mantiene a la comunidad conectada.

Es una pedagogía silenciosa. Y profundamente política.

 

Cuando las ondas se convierten en campo de batalla

En 1940, la emisora se apaga de golpe. El motivo oficial es difuso, pero la realidad es inquietante: camiones nazis instalados en el Parque de Santa Margarita interfieren la frecuencia con una emisora espía. La Segunda Guerra Mundial se cuela en Galicia a través de las ondas.

Pancho viaja a Madrid para negociar la reapertura. Rafaela observa, aprende y entiende algo decisivo: la radio nunca es neutral. Siempre hay alguien intentando controlarla.

En 1949, Radio Coruña se integra en la Cadena SER. Rafaela Hervada empieza a asistir a reuniones en Madrid: es la única mujer en salas llenas de directores con trajes oscuros. No levanta la voz, pero resuelve problemas que otros no saben encarar. Contratos, litigios, negociaciones. En un mundo que no la esperaba, se gana el respeto sin pedir permiso.

Mientras tanto, impulsa concursos y programas con público en directo. La emisora se llena de vida. La gente se agolpa en la puerta. La radio deja de ser solo información: se convierte en un espacio compartido.

 

Recreación de Rafaela Hervada en los estudios de Radio Coruña

 

1964: cuando heredar es hacer historia

La muerte de Pancho Hervada en 1964 marca un punto de inflexión. Rafaela tiene 47 años y asume la dirección de Radio Coruña. No hay titulares ni celebraciones, pero el dato es histórico: se convierte en la primera mujer directora de una emisora de radio en España, en plena dictadura franquista.

Desde ese lugar, introduce cambios que parecen pequeños y resultan decisivos. Amplía la programación a 24 horas, refuerza los informativos y apuesta por la FM cuando todavía es una rareza. Bajo su dirección, Radio Coruña obtiene la licencia para emitir Los 40 Principales, conectando a la juventud gallega con una modernidad que parecía lejana.

La emisora crece, se profesionaliza y se convierte en referencia. Y todo ocurre sin grandes gestos, sin discursos grandilocuentes. Rafaela dirige como vive: escuchando, sumando, cuidando equipos.

 

Retrato de Rafaela Hervada

 

El 23-F: la radio como salvavidas democrático

El 23 de febrero de 1981, España vuelve a temblar. El golpe de Estado paraliza televisiones, corta comunicaciones y siembra el miedo. En A Coruña, Rafaela Hervada toma una decisión que no es neutra ni segura: conectar con la señal nacional de la SER para que la población gallega tenga información directa de lo que está ocurriendo.

Las emisiones se mantienen abiertas durante horas. La radio cumple su función más esencial: informar cuando todo lo demás calla.

No hay épica en su relato posterior. No se presenta como heroína. Simplemente hizo lo que creía correcto. Porque entendía, mejor que nadie, que la radio no es entretenimiento cuando el país se rompe: es un servicio público.

 

informó cuando todo lo demás callaba

 

¿Por qué fue olvidada rafaela hervada?

Rafaela Hervada dirigió Radio Coruña durante 25 años. En 1989 pasó a ser Presidenta de Honor y recibió la Medalla de Oro de la ciudad. Murió en 2010, a los 92 años, en la misma A Coruña donde había aprendido a escuchar antes que a mandar.

Su nombre no suele aparecer en los grandes relatos de la historia de la radio española. Quizá porque fue una pionera local. Quizá porque fue mujer. Quizá porque nunca se vendió como excepción.

Pero su legado sigue ahí: en las emisoras que emiten sin descanso, en la radio cercana que informa sin estridencias, en la idea de que liderar también puede ser acompañar.

 

Recreación de un retrato de Rafaela Hervada en la última etapa de su vida

 

Rafaela Hervada no rompió micrófonos ni gritó consignas. Hizo algo más difícil: sostuvo espacios de libertad cuando era peligroso hacerlo, y lo hizo desde una esquina del mapa, sin focos nacionales.

Como tantas otras Mujeres en la Sombra, cambió la historia conectando voces, cuidando equipos y entendiendo que, a veces, la revolución se emite en frecuencia modulada, a volumen constante, durante décadas. Cada vez que la radio acompaña una noche incierta, hay algo de ella ahí. Y eso, aunque no figure en los manuales, también es historia.

 
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angélique du coudray